Ellas van y vuelven desde antes de los tiempos conocidos, siquiera sospechados. Nadaderas cortas, de movimientos limitados, cabecita de loro, cascarón para protegerse, lentas, feas. Van y vuelven, nadan. Van al otro lado del mundo, cruzan los meridianos, y vuelven. A aquella vieja de allí su abuela le habló de Cabral, y de Colón, de holandeses y piratas, y que vio pasar la Nao de China, pero ella, ah!, ella podría contarte como era esta ensenada, eso por esta banda, a la que vio llegar esclavos, que de la otra los vio salir. Ya aquella jovenzuela, de mirada tranquila, de quien no quiere nada, sólo nadar, exenta de prisa, que la prisa mata, cruzará este mar, una y otra vez, matando el tiempo, hasta que venga tu tetranieto, y te reconocerá, inexpresiva.

A veces falta un semáforo, las tortugas cruzando meridianos, las ballenas los paralelos, pero eso dura poco porque sus épocas son diferentes: aquellas de Octubre a Marzo, estas de Julio a Noviembre, las familias bajando con sus crías, saltando y cantando, de vacaciones al Sur, toneladas de emoción.

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