A Garcia D’Ávila, nombrado Almoxarife General por Tomé de Souza, primer Gobernador, le fué designada, em 1551, la tarea de construir uma fortaleza que protegiese de los ataques holandeses la costa al norte de Salvador. La ensenada de Tatuapara dio protección a los barcos de pesca, de subsistencia y de ballenas, con cuya grasa fueron amalgamadas las piedras y conchas de La Casa de la Torre. Ya en 1553 traen el cocotero de Ásia para su monocultura, inician en el interior la extracción de oro y piedras preciosas, y los pastos y corrales ganaderos avanzan hasta el Marañón (Maranhão actual), ¡Formando un latifundio de ochocientos mil quilómetros cuadrados! La mayor parte de la construcción fue concluida en 1624 por Francisco Dias D’Ávila, en la tercera y más poderosa generación de la familia.

De las sucesivas divisiones hereditarias restó una estancia de coco y ganado de 12 Km de playa por unos 40 Km irregulares tierra adentro, vendida en 1835 a los Padilla, adquirida en los 60 por un empresario de São Paulo de origen alemán, Klaus Peters. En la aldea, los antiguos nativos, foreros, se tornaron propietarios, las tierras internas continuan con ganado, y los coquerales de la costa fueron divididos en una urbanización con modernos critérios de ocupación controlada, el Castillo, protegido por el Instituto del Patrimonio Histórico através de la Fundación Garcia D’Ávila, y la Sapiranga, una reserva de Floresta Atlántica a orillas del Rio Poyuca. Cualquier semejanza con Macondo es mera coincidencia.